Roy Barreras: ¿el guardián del manicomio?. Por Viviane Morales

No existe ni una sola disculpa válida para que Roy Barreras pueda decir que él no sabía que el candidato Gustavo Petro tenía algunos problemas de personalidad. Desde hace muchos años Petro ha mostrado síntomas claros de vanidad, de intolerancia, de incumplimiento y de mitomanía que se manifiestan muy por encima de los promedios tolerables. Lo que sí es posible es que Roy no hubiera alcanzado a imaginar que Petro terminaría convirtiendo a todo el Gobierno en un verdadero manicomio.

De Roy se puede decir cualquier cosa, menos que le falte una dosis importante de intuición política. Es precisamente por su intuición política por lo que estamos viéndolo tomar distancia sin el menor atisbo de dudas de las políticas frenéticas del gobierno. Él sabe muy bien lo conveniente que le resulta ahora marcar diferencias con las actitudes disparatadas del Presidente. El contraste es lo que Roy está buscando estratégicamente. Y no se equivoca Roy. No solamente porque cualquier contraste, en este momento, lo inviste de un aura de personaje razonable, sino porque, en realidad, el país necesita que alguien les haga contrapeso institucional a las locuras del presidente Petro. Palabras más, palabras menos, la operación intuitiva de Roy coincide con una necesidad institucional que los colombianos reclaman.

Palabras más, palabras menos, la inmensa mayoría de colombianos sabemos que la coyuntura histórica necesita que surja un guardián del manicomio. De tal suerte que si Roy Barreras es el que está en el lugar no equivocado, los colombianos debemos pedirle que asuma su tarea y que la asuma bien.

El guardián del manicomio ya ha expresado su posición razonable frente a la locura de la reforma de la salud. Casi que podríamos decir que esa locura tiene tantos ojos encima que resulta casi que imposible que rompa la camisa de fuerza. Prácticamente toda la sociedad, incluyendo los periodistas, los políticos, los empresarios, los usuarios, estamos pendientes de que la locura no arrase con una de las construcciones más importantes del desarrollo social de nuestra nación.

El Congreso no puede entregarle al presidente Petro las facultades monárquicas que está solicitando en el Plan de Desarrollo para terminar haciendo y deshaciendo lo que le venga en gana.

Luego el desafío principal del guardián del manicomio no radica en parar la reforma de la salud que, ya de por sí, tiene muy mal augurio en el Congreso.

El desafío principal del guardián del manicomio radica en no dejarse robar las llaves de los candados de entrada y de salida.

Me explico mejor: el Congreso no puede entregarle al presidente Petro las facultades monárquicas que está solicitando en el Plan de Desarrollo para terminar haciendo y deshaciendo lo que le venga en gana. Todo esto mediante la figura de las facultades extraordinarias, que no es otra cosa que el endoso antidemocrático de las competencias del Congreso en las manos autoritarias del Presidente.

Entregarle las facultades extraordinarias que está pidiendo el presidente Petro equivaldría exactamente a que el guardián del manicomio le entregue las llaves de la puerta principal y de todas las habitaciones.

Y otra terrible paradoja de entregarle a Petro esas facultades extraordinarias consistiría en echar por el piso una de las más grandes victorias del M-19 en la Asamblea Nacional Constituyente, cuando lograron consagrar su tesis de que había que limitar al máximo los desafueros del presidencialismo frentenacionalista que se soportaban en regímenes de excepción tales como el estado de sitio y en el uso y el abuso de las facultades extraordinarias.

De nada serviría que los congresistas hagan el papelón de hundir la reforma de la salud si le entregan al Presidente unas facultades extraordinarias para que termine haciendo su locura de la salud y todas las demás locuras en seis meses.

Resulta, entonces, importante que Roy asuma la tarea del guardián del manicomio. Doctor Barreras: póngase usted de nuevo la bata blanca.

VIVIANE MORALES HOYOS

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