Chuzadas con intención de matar varios pájaros de un solo tiro

Es evidente que al caerse lo de Monsalve, la extrema izquierda y sectores beneficiados por la plata del Estado de Juan Manuel Santos, tienen un objetivo claro: acabar con la reputación del Ejército Nacional, y si por ahí cabe Uribe, mejor.

Los terroristas pretenden ganar lo que no pudieron en el campo de batalla mediante una campaña de desprestigio rastrera y miserable contra un Ejército profesional, capacitado, de un altísimo nivel y sobre todo, ético.

No hay cuento más trillado que las interceptaciones ilegales, las chuzadas. Con ese argumento se logró perseguir a Uribe y desmontar el DAS, que con sus defectos, era una institución fundamental para garantizar la defensa y seguridad del Estado.

Para demostrar que el Ejército nacional efectivamente está “chuzando” ilegalmente a dirigentes políticos, periodistas y ciudadanos del común, al menos exigimos que se exhiban las pruebas y no unos testimonios de fuentes anónimas, incoherentes y poco investigados, como ya dejó ver Cecilia Orozco, directora de Noticias Uno, al acusar que el dirigente del CD era Rafael Nieto, que rendía cuentas a su jefe político: Uribe, pero no tenía pruebas. Hacen acusaciones a la ligera, y eso ya lo hemos normalizado porque han sido tantas veces que estos medios de comunicación como Semana utilizan esta estrategia para perseguir dirigentes políticos y fuerzas del seguridad, penoso.

Pero no nos engañemos, este nuevo “escándalo”, tiene un tufo a complot. La mala leche de la denuncia es más que evidente. Curiosamente, se le han mezclado todos los elementos para matar varios pájaros con un solo tiro, al combinar a militares, chuzadas y al Centro Democrático, un circo bien montado podríamos decir.

Y si se intenta salpicar al Gobierno Duque, el presidente de la República fue claro y contundente: el gobierno nacional no tolerará actos ilícitos perpetrados por miembros de la Fuerza Pública. Pero en este caso, deben respetarse dos preceptos constitucionales: el de la presunción de inocencia y el del debido proceso.

Dejemos de tomar como algo normal que un artículo de prensa cargado de inexactitudes, mentiras y valoraciones subjetivas con una elevada carga ideológica, sea suficiente para acabar con la carrera profesional de un alto oficial y ponerlo con un pie en la cárcel. Este nuevo cuento de la “chuzadas” debe soportarse en evidencias ciertas y no en comentarios o pruebas deleznables como la fotografía borrosa de un vehículo estacionado afuera de la oficina de un periodista -sobrino de Juan Manuel Santos- que ha mostrado una animadversión hacia las FF.MM.

Si hay militares que realmente abusaron de su poder para interferir comunicaciones de personas que no estén vinculadas con actividades ilegales, aquellos deben ser llevados ante la justicia y castigados ejemplarmente. Pero insistimos, es necesario garantizar, ante todo, el debido proceso y la presunción de inocencia.

No pedimos más, solo que se pongan todas las cartas sobre la mesa y se constituya ya mismo una comisión que evalúe las supuestas pruebas que se han cacareado, pero no se han revelado. Que se oiga los testimonios de los tales testigos y se conozcan los audios de las interceptaciones. Esta vez no podemos caer en la trampa de volver a creer en las transcripciones de conversaciones que se exhibieron con ocasión del complot en contra del DAS, que se muestren los audios de cara al país, como mínimo.

Los enemigos de las Fuerzas Militares deben estar creyendo que ahora sí lograrán liquidar la moral del Ejército, mostrando a nuestros soldados como unos vulgares espías de baja categoría. Se quedarán con las ganas. La Colombia respetuosa del orden y de la ley, esa misma que mayoritariamente se opuso al acuerdo de impunidad entre las Farc y Santos, tiene el deber de respaldar, rodear y renovar su confianza en sus Fuerzas Militares.

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