Uber debe cumplir la ley pero la ley debe evolucionar

¿Realmente Uber es una competencia desleal para los taxistas? Se necesitaría un esfuerzo de la imaginación para contestar que no. Claro que no lo es. Y sin embargo, la idea de que por una decisión de la Superintendencia de Industria y Comercio se ordene un inédito bloqueo de una ‘app’ en un país en el que las autoridades no cesan de alabar las virtudes de la Economía Naranja es, cuanto menos, incoherente.

ya son seis años en los que el Estado, especialmente el Gobierno de Santos- porque Uber no apareció hace 17 meses- tuvo la oportunidad y casi la obligación de entender el modelo de transporte mediado por plataforma y regularlo. Como no hizo nada, hoy cuando se producen estos reclamos, suelen surgir acciones de sectores que buscan proteger sus territorios.

El problema es que a Uber -y a empresas similares- hay que regularla mirando hacia adelante, y por lo general optamos por sancionarla mirando hacia atrás. Lo que no quiere decir que proponga dejar las cosas como están. Es cierto que Uber juega con reglas distintas a las que han cumplido por décadas las empresas de taxis, y es en ese sentido que constituyen una competencia injusta para el gremio. Pero también es cierto que en ciudades como Bogotá o Medellín la llegada de un servicio eficiente, confiable y amable ha tenido efectos positivos, que se han reflejado, incluso, en una mejora del servicio que prestan los taxis. En lugar de bloquearla, debería regularse el modo en que funciona, para equilibrar las cargas. En lugar de pedir que la desmonten, los taxistas harían bien en emular su sentido de la atención, de seguridad y de servicio, y no solo su tarifa dinámica.

Como empresa, Uber comparte la culpa del Gobierno al haberse permitido operar en un limbo incómodo y peligroso. Es difícil entender cómo, en plena polémica, Uber comenzó a recibir pagos en efectivo y también es difícil entender cómo en plena polémica, el Gobierno comenzó a recibirle el recaudo del IVA, que según la compañía pasa ya de los 70.000 millones de pesos.

Y en ese interín, los usuarios siguen escondiéndose para usar un servicio que es legal en muchas otras partes del mundo y los conductores salen a ganarse la vida de manera honrada, pero expuestos al riesgo de sanciones de parte de las autoridades o ataques por parte de los taxistas.

¿Acaso duda alguien que miles de usuarios y conductores derivarán, si se ven impedidos para usar Uber, hacia ‘apps’ similares como Didi, Beat o Cabify, a las que no cobija el fallo de la SIC? ¿Qué pasa si este episodio impulsa el crecimiento de Picap, que no es otra cosa que mototaxismo mediado por plataformas?

Si bloqueamos a Uber por competencia desleal, ¿qué sigue? ¿Quizás Netflix, para proteger a los canales y cableoperadores? ¿De pronto Rappi, o Airbnb? Bloquear a Uber para proteger a los taxistas equivale a lo que habría sido prohibir las cámaras digitales para proteger a Foto Japón.

A Uber y a sus similares hay que regularlas, no bloquearlas. Por supuesto que deben cumplir la ley, pero la ley necesita evolucionar. La competencia desleal que representa la innovación se soluciona con marcos legales modernos, justos, que protejan y exijan a todos. Tras los Uber vienen los domicilios, los monopatines, las bicicletas de alquiler y todo lo que ronda la economía colaborativa.  Nunca ha sido buena idea fallar o legislar en contra de la innovación.

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