La culpa es de la mermelada y del inexperto

Por: Isaac García.

Injustamente le han caído un centenar de críticas a la titular del ministerio del interior a causa de que seis de las trece reformas legales y constitucionales que la institución gubernamental agenciaba se hundiesen en el Congreso. Muchas de ellas trataban temas de primer orden del acontecer nacional como las leyes anticorrupción y las objeciones a la ley estatutaria de la JEP. Le han querido empotrar una serie de cuestionamientos injustos echando mano de acusaciones de inefectividad ante los pocos resultados, de mal asesoramiento, de desdén en sus visitas al Congreso.

Una de las tachas que pesan sobre la ministra es la de no haber podido sacar adelante en el Congreso ciertas iniciativas y reformas sin mermelada. Resulta un argumento traído de los cabellos ensuciar la experiencia y trayectoria política de Gutiérrez por causa de la disposición de los parlamentarios a legislar sin prerrogativas, acostumbrados a un gobierno como el de Santos que a costa de pasar fuese como fuese los proyectos de la pretendida Paz entregó los dineros estatales a manos llenas. Con animales políticos como los que ocupan las sillas del Parlamento resulta sumamente difícil pretender unos buenos resultados legislativos, más cuando muchos de ellos se amangualan en bancada para atravesársele al rumbo del país y detener el ejercicio legislativo.

Tal vez por eso una de las estrategias que le ha resultado beneficiosa a la ministra es en el caso de la agenda económica negociar las iniciativas no con los presidentes y las bancadas en general sino establecer un diálogo personal con los congresistas. Es una manera más directa de interponérsele a la corruptela de intereses que los partidos y sus jefes traman.

La ministra como una política buena y con experiencia probada dirigiendo las dos corporaciones legislativas, guarda una relación respetuosa con los parlamentarios y los partidos. Más aún y otra vez a diferencia del gobierno Santos que veladamente ordenaba a sus huestes votar en bancada por la paz, la propia Gutiérrez asegura que “muchos creen que el gobierno debe darle ordenes al Congreso y ese no es el estilo de este gobierno”. Los legisladores pareciesen estar acostumbrados a no pensar claramente los proyectos sino a recibir órdenes a cambio de prebendas.

La culpa no es de la ministra, la culpa es de los inexpertos. Uno de los proyectos anticorrupción que se hundió en la Cámara, referido a la obligatoriedad para que los hombres y mujeres de parlamento presentasen la declaración de renta antes y después de su ejercicio legislativo, carga fuego amigo. Y es que uno de los integrantes del Centro Democrático en la Cámara, Gabriel Santos, abrió las votaciones suponiendo que los presentes eran suficientes para pasar una Reforma Constitucional que necesitaba mayoría absoluta para aprobar su trámite. El proyecto terminó archivado a falta de un voto, y algunos especuladores le endilgaron la responsabilidad del trámite fallido a la ministra, cuando a todas luces el primerizo en el Congreso tiene aquí la culpa de que el proyecto gubernamental haya claudicado en el Congreso.

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