El poder político cultural del Tino.

Por: Benedicto Truman.

 

Al margen de la carga ideológica de su proyecto político, la famosa sentencia de Stuart Hall ─padre de los Estudios Culturales─ “Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”, habla de las potencialidades y al mismo tiempo de los obstáculos  de las prácticas culturales como propulsores de la gestión política.  Las intenciones de esperanza de que el arte y la cultura son capaces de activar y transformar los pensamientos, la sensibilidad y la subjetividad humanas se estrellan con los desencantos a los que asiste el intelecto cuando observa que la agencia cultural no asume la forma de los fines y objetivos políticos planteados.

 

El trabajo político con lo cultural es arduo, en algunos casos desalentador, aunque siempre motivado por la voluntad de transformación política. El espectáculo colombiano tiene a muchos referentes culturales interviniendo en política. Faustino ‹‹El Tino›› Asprilla, una de las otrora estrellas de la Selección Colombia participa fuertemente en la política cultural a través de redes sociales, partidos de fútbol y programas de televisión. Referente deportivo para millones de aficionados al fútbol también ha sido una figura polémica por sus declaraciones, desnudos, gustos por el trago, las mujeres y los caballos.

 

Las intenciones optimistas de transformación que orbitan lo cultural están sujetadas  por cada uno de los elementos que integran la vida social. El éxito de las estrategias de intervención cultural depende de un barullo de componentes coyunturales que se aprestan para la consecución o fallo del cometido político.  Por eso el trabajo de lo cultural para activar o transformar la mente humana es de largo aliento,  complejo, indeterminado y está ausente de certezas aritméticas.

 

El Tino influenciador, el Tino Personaje de programa televisivo y el Tino deportista, integra cada una de sus prácticas para hacer política cultural. Mientras el canal de televisión regional del Valle del Cauca produce un programa  que recuerda las anécdotas y peripecias del futbolista, la marca de condones que lleva su nombre ─a propósito del famosamente tamaño de su falo, atributo por el que es reconocido nacionalmente─ promueve una política sexual del placer con cuidado y sus trinos en red valoran las conquistas del proyecto político del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez.

 

El tulueño ha dado muestras de ser un genio de la política cultural. Éste ha sabido integrar las múltiples dimensiones de sus prácticas para darle una unidad compleja a su gestión. Muchos temas son abordados: la seguridad pública, la sexualidad, el deporte. A través de diferentes frentes el Tino se construye tanto como un referente de opinión como una figura que despierta sensibilidades a favor y en contra. El valor político de sus manifestaciones podrá ser evaluado por partidarios y detractores, pero el valor cultural de la articulación de sus prácticas, productos, opiniones, narrativas, valores e industrias puede ser fácilmente reconocido por cualquier ávido analista de los capitales del poder.

 

El poder que se pretende hacer con la intervención político-cultural está llamado a ser pensado complejamente y echando mano del mayor número posible de prácticas cotidianas:  la escucha canciones, los trayectos urbanos del transporte público, la asistencia a las funciones de teatro, los sitios de reunión social, la concurrencia de los partidos de futbol, las concentraciones masivas, el consumo de los medios sociales de comunicación, los influenciadores en espacios sociales en red, los libros que se leen, las series de televisión que se ven. El Tino aparece en estadios, en los estantes de publicidad de paradas de autobuses, en cajas de preservativos, en programas televisados.

 

Aunque el éxito de la estrategia no radica solo en las manifestaciones inmediatamente culturales, el valor político de la figura del Tino interactúa  con la estructura social en que está inserta, con las prácticas productivas de los sujetos que lo reconocen, con la configuración política de la dominación estatal, con la operación de las instituciones sociales y con la vida familiar. Con todo puede decirse del Tino: UN GENIO DE LA POLÍTICA CULTURAL.

 

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