El Presidente Duque Versus los legionarios de las religiones políticas contemporáneas.

Por: Benedicto Truman.

No quisiera pasar por áulico o gobiernista, menos aún alinearme interesadamente con el poder gubernamental de turno. Tampoco tengo intención de ensañarme ─dejándome llevar de una pretendida corriente crítica de fervoroso y no meditativo espíritu nihilista─ contra el gobierno del Presidente Duque, simplemente porque es cual ocupa la posición de poder ejecutivo. No sería adecuado ocultar las dificultades que cualquier proceso político gestionado por humanos puede enfrentar, sin embargo quisiera llamar la atención sobre lo que considero las acusaciones falsas y en algunos casos falaces proferidas contra el presidente Duque y su gobierno de centro. Acusaciones producidas por los legionarios de un fervor político rapaz.

Sendas acusaciones provenientes de ambos lados del espectro ideológico parecen venir a confirman la centralidad del Presidente. Señalamientos que se empecinan en destacar características personales con las cuales quisiera arrojársele hacia el sector de transformación radical proletario y sindical ─mal llamado de izquierda─ como acomete Fernando Londoño, un compañero de partido; o sindicaciones individuales con las que se pretende ubicársele como servidor de la extrema derecha que algunos quisieran endilgársela al senador Álvaro Uribe Vélez, de quien dicen es su títere.

Legionarias de las religiones políticas contemporáneas, estos acusadores de Duque se comerían las uñas mientras esperan que una solución partidariamente extrema tome lugar bajo el gobierno. Pueden terminar en carne viva y sin uñeros aguardando que el centralismo de Duque claudique.

El término de religión política se lo debemos a Eric Voegelin, que notaba que las adhesiones al marxismo estalinista, al fascismo o al nacional socialismo tenían un carácter cuasi religioso, que dotaban al “militante” de un “sentido y una explicación teleológica de la historia, junto con devociones, rituales y dogmas”. Una vocación totalitaria ─al mejor estilo de los dogmas religiosos─ que plantea un cambio político o económico y ofrece una visión omniabarcante del ser humano, la realidad, la sociedad, la libertad y el desarrollo.

Religión política parece ser la sostenida por Fernando Londoño, que no contento con referirse a Duque como un “mozalbete inteligentón” quisiera volcar las potencias del Estado en fuerzas represivas, tal como cuando critica la actitud dialogal del primer mandatario y lo invita a usar los medios disuasivos para reprimir la protesta social. Esa sería ciertamente una religión del ‹‹orden político››, del orden por el simple orden, del orden político injusto que no escucha las necesidades aclamadas por quienes protestan. A Dios gracias, la cabeza del gobierno es de centro y no profesa sino el cristianismo como religión.

Una sacralización de la política es la que llevan a cabo todos aquellos quienes llevan al extremo las máximas de un Estado y una sociedad socialistas, para los que cualquier política que intervenga los derechos ganados de los trabajadores se constituye en un exabrupto contra cualquier intento de Estado de bienestar, aun sin examinar la racionalidad de las propuestas. Más bien es la que sostiene el senador Gustavo Petro que quisiere amañar cualquier información noticiosa en nombre de su ideología política socialista. Han tachado de títere a Duque, lo han querido hacer ser ver como la rémora de las ganancias de los humildes, falsamente como el impulsador de reformas laborales, pensionales o como el que promueve imponer un salario mínimo para los jóvenes. La última perla de Petro es querer hacer pasar unas fotografías de unas incursiones militares en Brasil como si relataran hechos acaecidos en Colombia. Más que ser acusaciones reales se constituyen en falacias por las que intentan aparear el ideario de los legionarios de la religión política con el proceder real del jefe de gobierno.

Son todas actuaciones propias de los dogmas de la política ideologizada, de vetustos convencidos en que hay una solución única a problemas ‹‹complejos ››, de marrulleros que quisieran atravesar, a costa de lo que sea, el tapiz de su interpretación a los hechos concretos. Al mejor estilo de los ideales trascendentes de las religiones, estos religiosos políticos desvalidos de un verdadero misterio que conecte toda la historia, sueltan cualquier clase de disparate para hacer encajar su interpretación de los hechos. Adelante, Presidente de Centro.

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