“A Dios rogando y con el mazo dando”

Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Ejerzamos todos sin duda ni temores la sanción social y nuestros deberes y obligaciones patrias, sociales, éticas y morales. Que Dios bendiga a Duque y a Uribe, pero cada uno de nosotros debe evitar que a esta sociedad la capen parada.

Es deber de cada ciudadano con cédula, apoyar a nuestros líderes honorables, a nuestras instituciones, a nuestro gobierno y a nuestra tradición democrática, pues está en grave peligro la estabilidad social, política y económica en nuestra malquerida Colombia.

No sabe uno ya cómo clasificar a los anarquistas que quieren desestabilizar nuestra institucionalidad, pero al final todos sea con culpa o dolo, resultan siendo cómplices de la estrategia cubana que ahora, al igual que en los años 60, quiere minar la legalidad democrática regional. Para ellos, esta es la única forma de sobrevivir en un mundo globalizado, en una era en donde todos podemos prosperar si la política se pone al día con la tecnología.

Desde finales de 2010 están trabajando, consientes unos e inconscientemente muchos otros. Siempre empiezan por las protestas universitarias, agitadas por maestros resentidos y desubicados, trabajan por desbalancear la debida independencia de poderes; abusar de las garantías y libertades sociales, a base de generación de inseguridad física, jurídica y económica; acusar a funcionarios públicos y militares sistemática y temerariamente; criticar subjetivasmento en los medios para afectar lisonjeramente la reputación del manejo transparente del Estado, y frenar el desarrollo socioeconómico que busca mayor cohesión y equidad social.

Colombia, al igual que la región entera pasa de la lucha armada abierta al terrorismo digital y a la desestabilizadora dialéctica diaria que busca agitar masas, financiada con dineros de las organizaciones narcoterroristas y los colectivos políticos y jurídicos que los manejan.

El activo grupo de colombianos apátridas compuesto por malandrines, mamones, mamertos, criminales, resentidos, envidiosos, mediocres, miserables, entupidos y malnacidos es una minoría, pero hace daño. Va desde un maestro adoctrinado o ignorante, un alumno ingenuo, un agitador pago, un político corrupto y resentido, un juez injusto, un chivatero presiado de ser periodista, ignorante pero dañino, hasta un mafioso, un pandillero, un narcoterrorista disfrazado de guerrillero o de político de izquierda. También los hay algunos flamantes herederos millonarios y altos ejecutivos de postín que nunca lograron entender la dificultad y el esfuerzo que obligan la honorabilidad y la rectitud en el obrar, y a los que la malcríanza solo les dejó muchas taras y redomados resabios insuperables.

Gracias a Dios, tenemos un presidente sensato y templado.

Duque no gruñe ni ladra, pero a las malas tiene temple, y ojo qué muerde. Es hombre mesurado pero de tonto no tiene un pelo y no es otro su empeño que el de la construcción de futuro y esperanza dentro de la legalidad y el respaldo al emprendimiento como función de equidad.

Llegó el momento de demostrar que en Colombia somos más los buenos. Que todos somos de igual derecho y tenemos las mismas obligaciones. Es cuestión de agradecer y apoyar a los buenos y señalar a los malos. Unos damos empleo a quienes trabajan con profesionalismo y entrega. Otros roban, vagan, critican, hacen daño y destruyen.

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