No todos los periodistas en Colombia son aliados de delincuentes

En Colombia parece haber existido desde siempre dos bandos de periodistas, unos que han luchado y luchan aún por la verdad, con principios, que van de frente y que no tienen segundas intenciones, y otros que han hecho de su oficio un negocio que, a cambio de beneficiar a unos cuantos, hacen inmensas fortunas.

Daniel Coronell, exsocio del narcotraficante Justo Pastor Perafán; Daniel Samper, sobrino y minimizador del legado de su tío, Ernesto Samper; Fernando Londoño, ladrón de Invercolsa; “Matador”, hombre trans y adicto a las drogas que ante su falta de argumentos acude al insulto para atacar a sus enemigos, entre muchos otros; son periodistas que trabajan para intereses de corruptos y mafiosos a cambio de cuantiosas sumas de dinero.

Pero no todos son de esta calaña. Ha habido y hay aún, comunicadores que dedicaron o dedican sus vidas a la investigación real y a la opinión transparente con las mejores intenciones.

Maestros de la talla de Juan Gossaín y Fidel Cano trazaron caminos claros para esta hermosa profesión. Así mismo lo hicieron otros grandes como Juan y Ana Mercedes Gómez, y algunos más jóvenes cómo Claudia Gurisatti. Todos ellos, además, enfrentaron en sus momentos grandes amenazas contra sus vidas, unos por parte de la mafia y otros por parte de las Farc. Aún así, nunca renunciaron a sus misiones.

No se puede meter en la misma bolsa a todos los periodistas pese a que el actuar de algunos aveces hace que muchos odien a toda la profesión. Hay y habrá siempre periodistas malos y periodistas buenos, está es en el poder de la gente decidir a quienes lee y a quienes les cree.

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