Semana caliente

“Una revista para leer y no para hojear”, fue el lema con el que nació la revista Semana en su segunda etapa en el año de 1981. Un equipo conformado con filigrana por Felipe López Caballero durante casi una década en la que tardó en madurar la idea, la cual se apoyaba en la experiencia de la revista Alternativa, aquella publicación izquierdista que habían impulsado entre otros Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano, quienes por entonces se destacaban como lo más granado de la izquierda pequeñoburguesa de Bogotá y para la cual convocaron a quien por entonces aún no había sido distinguido con el premio Nobel de literatura, el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Felipe había pensado y estudiado la situación financiera de Alternativa y se metió tanto en el cuento que terminó por comprar hasta los muebles de la fracasada experiencia editorial de izquierda. Semana retomaba el nombre de la legendaria revista fundada por Alberto Lleras Camargo y manejada al final por Alberto Zalamea pero tenía un handicap, sus lazos familiares. No sólo porque daba la impresión de que se trataba de una publicación Lopista, o de la casa López, como se identificaba el grupo que giraba tanto política como socialmente alrededor del expresidente Alfonso López Michelsen, el padre de Felipe, quien además se aprestaba por esa época para lanzarse a otra aventura con su aspiración a la reelección presidencial en 1982.

Pocos le auguraban éxito porque la mayoría se imaginaba que iba a ser un émulo de la revista Guión de la casa Pastrana que era prácticamente el vocero del pastranismo. Pero Felipe le dio una talla internacional y se ingenió que el no aparecería inicialmente para lo cual importó a una leyenda del periodismo colombiano en París, Plinio Apuleyo Mendoza. Y Plinio aceptó con la condición de que Felipe fuera como un López en la sombra. Pero además hizo un aporte que consistía en buscar periodistas conectados con los grupos de izquierda para generar un alo de independencia y de periodismo no oficialista. Y fue cuando llegaron a una frase digna de una serie de Netflix. Hay que fundar un medio de comunicación de filosofía lopista pero que parezca antilopista. Que se vea de oposición y que denuncie. Todo con el fin de capturar u nicho de opinión aburrido del frentenacionalismo periodístico.

El cuello de botella del sueño de Felipe López era la financiación, ya que tenía plenamente identificado que eso fue lo que asfixió a la revista Alternativa, como lo contaba su propia gerente, Rosa dalia Velázquez, quien casi hizo parte del inventario que heredó Semana. Allí ella se desempeñó como su primera gerente. Fue cuando surgió una idea que muchos consideraron audaz y hasta riesgosa, pero por lo menos para algunos resultaba genial. Carlos, “El loco” Nader le dijo a su entrañable amigo Felipe López que si la revista se podía montar en ese momento con los 20 millones de pesos, que era el cálculo que le tenía el refundador de Semana, “el loco” le diseñaría un modelo pragmático para buscar finanzas a nivel nacional.

Fue así como Nader le hizo una especie de mapa al hijo del expresidente en donde palabras más palabras menos le mostraba dónde estaban los nuevos ricos colombianos que estarían dispuestos a colaborar con la causa lopista y quiénes eran sus amigos cercanos para que esa contribución no se hiciera ni tan comprometedora ni tan directamente. Con ese esquema uno de los socios iniciales de Editorial Caribe, como se llamó la empresa, fue Santiago Londoño White, quien sería el encargado de conseguir el dinero con su hermano Diego, para entonces un empresario muy cercano a Pablo Escobar, que también hacía sus pinitos en la política cargado de una inmensa fortuna que ya para entonces era registrada por las grandes revistas económicas internacionales como Forbes.

El diseño era casi un plan geopolítico en donde se pensó por ejemplo en Guillermo Alberto Gonzalez Mosquera, quien entonces emergía como una promesa caucana de la política y tenía una gran cercanía con Pastor Perafán, quien por esa época se mostraba como un prospero empresario hotelero y quien años después engrosaría las filas de los narcotraficantes extraditados a Estados Unidos. Otro destacado socio de Semana en sus inicios fue Rodrigo Garavito, un empresario caldense, que había sido director del Instituto de Crédito Territorial de donde se decía que había salido muy rico y a quien se le encargaría conseguir dinero aprovechando los buenos oficios que tenía con Don Gilberto Rodríguez Orejuela, quien para entonces era presidente del Banco de los Trabajadores y años después terminaría famoso con el título de Jefe del Cartel de Cali.

La lista de los 20 socios de Semana incluía nombres como el de Felix Salcedo Baldión, quien para la época era un controvertido político cucuteño, que años más tarde terminó involucrado en negocios de narcotráfico en Venezuela. Y en Bogotá se buscó el apoyo de un famoso empresario dueño de las más espectaculares discotecas del momento, al que muchos asociaban con Gonzalo Rodríguez Gacha, el dueño del equipo de fútbol de los Millonarios y conocido como el mejicano en el mundo de el Narcotráfico. Parte del plan incluía la sede de la revista Semana que comenzó en la casa del propio Carlos Nader en la calle 85 con carrera 11. Nader también estuvo preso en Estados Unidos ya que unos agentes de la DEA le tendieron una trampa cuando “el Loco” prometía inundar de coca a los Estados Unidos y se mostraba como un gran capo, además de presumir que era íntimo de Pablo Escobar, quien después se hiciera famoso como el jefe del Cartel de Medellín.

Otro de los socios famosos que integraba este selecto grupo de nuevos ricos accionistas de de Semana era Fuad Char, el empresario y político barranquillero que ya se en ese momento se conocía en los mentiremos populares como un hombre que se debía a la bonanza marimbera y que por no muy extrañas razones fue uno de los primeros colombianos a quienes le quitaron la visa en los Estados Unidos. Casi todos ellos terminaron comprando una especie de seguro contra la mala prensa al ser uno de los aportantes del millón que permitió que diera a luz la revista Semana. Publicación que nació montada en la más cruda filosofía Lopista, casi inspirada en el peropio calvinismo, corriente neoliberal de pensamiento y conceptos muy laxos en materia de los orígenes del dinero.

La revista Semana tuvo una segunda inyección económica cuando llegó en la década de los noventa Isaac Lee, quien trajo a Daniel Coronell y con esa fórmula se las ingeniaron para arrastrar al grupo judío Stanford. Isaac Lee fue director de Semana luego de pasar por la revista Cromos a donde había llegado como miembro del equipo de seguridad del grupo Santodomingo, y se había hecho famoso por irrumpir los cordones de seguridad de Julio Mario Santodomingo gracias a sus nexos con los mercenarios israelitas encabezados por Yair Clain y contratados para la guerra narcoterrorista por el Mejicano Gonzalo Rodríguez Gacha.

La colonia judía se instaló en semana también gracias a los soportes que Isaac Lee conseguía como por arte de magia. Uno de ellos fue el de reabutizar a Daniel Coronell y volverlo judía al agregarle una l a su apellido. Coronel, era un experto en el maquillaje de estos nuevos empresarios ya que había montado el Noticiero NTC con dineros del Cartel de Cali, administrados por Cesar Villegas, alias “El Bandi”, un empresario de maderas y dueño del equipo de futbol Santa Fe, que por recomendación de Ernesto Samper puso el dinero para que Daniel Coronell, Felix de Bedout y Oscar Ritoré fungieran como socios capitalistas cuando en realidad quien ponía el dinero era el testaferro del Cartel de Cali.

NTC además montó su infraestructura de televisión sobre los estudios de Imagen y Sonido, la empresa de Pastor Perafán que había servido para garantizar la infraestructura técnica en la licitación de NTC. Todo esto se hizo con la colaboración directa de Mauricio Vargas, entonces Ministro de Comunicaciones del Gobiernod e Cesar Gaviria y quien pidió que su participación en el noticiero se hiciera a través de la hermana de la exministra Noemí Sanín, Beatriz Sanín.

Felipe López el dueño de Semana que terminó luego adquiriendo la totalidad de las acciones a sus 20 socios también tenía una empresa productora de cine, llamada Producciones Casablanca con la cual se hizo un publireportaje a la Hacienda Nápoles cuando la gerente era Mónica de Greiff, quien viajó a chismear la producción del documental y en plena piscina de la Hacienda Nápoles fue robada por una amante de un mafioso por cierto muy linda llamada Maria Victoria Restrepo Liévano, quien le pidió prestado 300 mil peso de la época con la promesa de que se los daría ese mismo día pero jamás le pagó.

Hoy la revista parece haber entrado en la banca aunque no del todo rota. Incluso algunos anuncian que cerrara pronto sus paginas en la versión impresa por problemas económicos. De ser así se puede afirmar que se trata de una versión de la crónica de una muerte anunciada, ya que desde que Semana decidió abandonar el periodismo objetivo y pasarse al entretenimiento y a los descarados manejos de la pauta oficial comenzó a cabar su tumba. Y cuando emprendió el camino corto de agarrarse del Santismo le abrio la compuerta a la pérdida de credibilidad. Ya esta lo había intentado Mauricio Vargas cuando Cesar Gaviria era el presidente pero justamente ese fue el punto de quiebre cuando Isaac Lee le vendió a Felipe la idea de que eso lo llevaría a la ruina.

Cuando la revista denunciaba y en alguna medida parecía casi de oposición como ocurrió con el gobierno de Ernesto Samper y el proceso 8.000, mantenía unos altos índices de circulación, pero cuando optaron por pasarse para el lado de la defensa del gobierno de Juan Manuel Santos perdió totalmente la credibilidad y hoy vive sus consecuencias. Ahora intentan poner en video por youtube y Facebook las columnas de los periodistas Maria Jimena Dussan, Daniel Samper y Daniel Coronell porque al parecer ya nadie los quiere leer. Esta es la historia de una de las empresas colombianas, que como muchas de las que nacieron durante las últimas 4 décadas son producto de lo que en la jerga de la mafia se llama “el revuelto”, que significa que algún dinerillo le llegó o algún aporte con tufillo de dineros calientes le ingresó.

Por Andy Moreno

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