Debatitis aguda

Los debates en televisión son en cierto modo un show. Y por eso los medios piden que el show deba continuar. No importa cuánta claridad hagan, qué tanta explicación programática se logre, ni en qué medida se logra una verdadera exposición de ideas sustentadas. Lo importante es tener los actores en pantalla y hacer creer al público que se esfuerzan por generar controversia o discusión temática. No importa si se consigue profundizar sobre un apostura o si se genera simpatías por una idea o por otra. El tema no es lo que desarrolle el candidato sino que parezca que lo desarrolla.

En casi todos los debates en realidad no se debate. Se pregunta, se responde , se contrapregunta y se contraresponde. Por eso casi nunca son ágiles, porque los debates en general debieran gozar de algo que por diseños televisivos es imposible, que se hable de un tema, que se controvierta y que se argumente. Pero contrarreloj es fisicamente imposible debatir. Los formatos que se ingenian los protagonistas ajenos a los invitados se vuelven empalagosos, poco prácticos y casi siempre se termina por atender más a la forma que al contenido.

En los debates televisivos se muestra la aptitud histriónica de los candidatos, su postura escénica, su manejo de cámaras y hasta su forma de llevarse en escenarios públicos. Pero difícilmente logran mostrar aspectos que lleven a determinar la intención de voto de los ciudadanos. El debate en tv sirve para que los medios hagan su show, para que exhiban su poder de convocatoria, para que consigan pauta y para fidelizar audiencias. Pero muy poco para encontrar diferencias programáticas, para hallar distancias filosóficas o para descubrir puntos de vista contrarios.

En los debates se dice más de lo mismo. Casi nunca hay una revelación. Lo que dicen los candidatos es lo que han venido diciendo desde que comenzaron campaña. Se repiten pedazos de discursos que se han elaborado juiciosamente para cualquier escenario y se da muy poco espacio a lo espontáneo. Por eso los debates son insulsos y aburridos, tienen poco por dónde generar entusiasmo y por supuesto es muy poco lo que logran en materia de generar opinión, de seducir un nuevo voto o de hacer cambiar de percepción a un simpatizante de algún candidato.

Por esta razón puede ser que por primera vez un candidato se quiera salir del esquema. Porque puede resultar más importante seguir buscando como seducir a sectores de la población que no lo han escuchado o no lo han visto, que buscar audiencias etéreas o que dar golosina a los medios para que ellos hagan su show. Puede resultar más importante seguir consiguiendo votos en el terreno que buscar aplausos de quienes ya tienen escogidas sus preferencias electorales.

Claro que su decisión de no asistir a debates que no agregan puede resultar una papaya para sus contrincantes. No asistir a debates genera debate pero sobretodo genera que en las redes se den garra los detractores para decir que es miedo, incapacidad o falta de preparación. Pero el candidato que ha decidido ponerle por lo menos un filtro a la debatitis da muestras de tener una postura más seria que efectista, mas comprometida que espectacularista y sobretodo más respetuosa con el televidente.

Por: Fernando Álvarez

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